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COLUMNISTA INVITADO

Educación para todos:
El gran reto del sistema educativo

Por: Luz García de Galindo
Directora Corporación Síndrome de Down


La historia de la discapacidad es de marginación y discriminación de los seres humanos. Los niños y los jóvenes con esta condición eran marginados a sus casas y excluidos de los sistemas educativos, lo cual generaba un círculo vicioso, pues, al no tener acceso a la educación, no lo-graban desarrollar sus capacidades, fortaleciendo las creencias sociales de que eran seres incapaces de aprender, desarrollarse y participar.

La educación especial, por primera vez, los hace visibles, demostrando que tenían grandes oportunidades. Sin embargo, los mantenía en grupos segregados, en un sistema educativo paralelo, que, si bien tenía la positiva intención de adecuarse a sus características ofreciéndoles recursos especializados, llevaba a continuar la marginación de los entornos habituales de los cuales serían parte si no los hubiesen tenido.

Con el desarrollo científico, surge una nueva visión sobre este tema, que continúa enfocándola como una condición de la persona, pero plantea que no es una situación inalterable, sino susceptible de ser modificada positiva o negativamente por el entorno. Se enfatiza entonces en la importancia del acceso a la rehabilitación y, en el ámbito educativo, surge el enfoque de integración, en el cual, mediante diferentes modalidades, se busca el acceso de estos niños y jóvenes a los sistemas educativos tradicionales.

Lógicamente, esto hace que muchos estudiantes con discapacidad, si bien logran ingresar al sistema educativo, desertan muy prontamente de él, debido a que no alcanzan las exigencias y las metodologías planteadas. El problema sigue estando en la persona con discapacidad y su familia. El esfuerzo para ser parte sigue siendo individual y el cambio debe darse en el estudiante y no en la escuela De hecho, esta condición deja de ser un problema de la persona, para convertirse en una responsabilidad social. Las personas con discapacidad ya no admiten ser vistas como seres merecedores de lástima o bondad, sino que, a cambio, exigen ser respetadas como ciudadanos con los mismos derechos.

Dentro de esta nueva perspectiva, nace el concepto de la educación inclusiva, en el cual es el sistema educativo el que debe prepararse para responder a la diversidad de los estudiantes y no el estudiante el que tiene que acoplarse a un sistema educativo inflexible. Lo anterior implica una transformación de las culturas, políticas y prácticas del sistema, respetando y valorando la diversidad de los estudiantes. Ese es el gran reto que debe enfrentar nuestra sociedad, pero aún estamos muy lejos de lograrlo. La Unesco, en el 2006, reportó que 77 millones de niños no están en la escuela y por lo menos 25 millones de ellos tienen discapacidad. El Banco Mundial, en el 2009, señaló que solo un 5% de niños con discapacidad logra terminar la educación primaria.

Según el Centro de Estudios para la Educación Inclusiva, ésta implica que el sistema educativo se centre en favorecer el acceso, la permanencia, la participación y el aprendizaje de todos los estudiantes, suprimiendo barreras y brindando apoyos que permitan que esto sea realidad.

Dentro de esta perspectiva y tal como lo define el índice para la inclusión de la Unesco, apoyo es todo lo que se hace para fortalecer la capacidad del sistema educativo para responder a la diversidad.

Solo el respeto y la valoración de la diversidad desde la escuela nos permitirán construir un mundo en el cual, en verdad, se respeten todos los derechos humanos.




“La primera barrera a tumbar es nuestra propia conceptualización de la discapacidad y del sistema educativo como un sistema homogéneo, competitivo y que solo valora a los estudiantes con mejores resultados académicos.”
 


 


 

 


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