TEMA
CENTRAL
LA
AMISTAD,
un vínculo creado desde la
infancia
La complicidad,
la confianza, la lealtad y el
respeto son los cimientos para
fortalecer ese lazo afectivo.
No obstante, puede haber
relaciones muy influyentes como
también bastante nocivas.
POR:
DIANA
CAROLINA SÁNCHEZ
FOTOS:
DREAMSTIME
Desde pequeño, el ser humano
siente la necesidad formar
alianzas con otras personas a
las que considera afines con su
manera de ser y de expresarse.
Es así como, desde el inicio de
la vida, la amistad es un lazo
que se consolida. En esta etapa
se basa en dar y recibir y, al
mismo tiempo, en compartir
momentos que para los niños
constituyen la parte esencial de
su descubrimiento vital.
“Los seres humanos somos seres
sociables por naturaleza; por
tanto, todas la interacciones
con nuestros congéneres facilita
o entorpece el proceso evolutivo
en todas las dimensiones del
ser: emocional, física, mental y
espiritual.Desde el vientre
materno, el bebé en gestación se
está relacionando con su entorno
y con las emociones de sus
progenitores, formando patrones
neuronales que más adelante se
reflejan en su personalidad”,
explica Claudia Almanza,
psicóloga clínica de la
Universidad Santo Tomás.
Así mismo, los niños empiezan a
establecer sus lazos de amistad,
a partir de la imitación, es
decir, tomando como ejemplo los
patrones familiares y de la
espontaneidad que, en este caso,
es la necesidad innata de
interacción.“Dependiendo de la
etapa evolutiva en la que el
niño se encuentre, tiende a
centrar todo sobre sí mismo: él
se siente el centro del mundo;
por lo tanto, compartir con los
demás le permite ver que es
necesario extender sus límites e
interactuar con otros
descubriendo el mundo y
descubriéndose a sí mismo”,
añade Almanza.En esta etapa, los
amigos se convierten en una
especie de refugio, un lugar
donde alojar sus conflictos,
secretos y confidencias. En ese
sentido, la amistad de los niños
no se basa en la posesión o
exigencia hacia sus amigos, sino
en la libertad y el apoyo mutuo.
De acuerdo con María Gladys
Sánchez, psicóloga de la
Universidad Javeriana, “la
amistad de los niños se presenta
en diferentes grados y se va
reforzando con el tiempo.
El vínculo nace cuando los
pequeños se relacionan entre sí
y encuentran algo en común que
les hace sentir empatía el uno
por el otro. Hay amistades que
nacen a los pocos minutos de
relacionarse y otras que tardan
años en hacerlo. Pese a esto,
hay muchos lazos afectivos de
este tipo que duran toda la vida
y por lo general se consolidan
desde la infancia”.
Amigos, los mejores aliados
La
amistad es un vínculo que
siempre está presente en las
primeras etapas de la vida e
influye de manera sustancial en
el desarrollo de los niños, ya
que juega un papel importante en
el desarrollo de la personalidad
y la formación de identidad.
Algunas investigaciones han
demostrado que los menores entre
los 11 y los 15 años declaran
que no hablan con sus padres de
situaciones íntimas. Por lo
general, desconfían fácilmente
de ellos, principalmente, en lo
que se refiere a la situación
sentimental y a los problemas
personales. Si tienen alguna
duda, no la consultan con sus
papás, sino con sus amigos de su
misma edad, porque se sienten
más seguros. Pero, ¿este es un
comportamiento extraño de los
jóvenes, que puede generarles
algún tipo de conflicto en el
futuro? De acuerdo con la
psicóloga María Gladys Sánchez,
“la influencia de padres y
amigos es distinta. Mientras los
padres siguen siendo una fuente
importante de valores, al tiempo
que canalizan su futuro en
cuanto a estudios y profesión,
los amigos y las amigas, en la
etapa infantil y en la
adolescencia, son fundamentales,
porque comparten preocupaciones,
inquietudes y sentimientos.
Igualmente, los niños y los
jóvenes se forjan ciertas
expectativas sobre sus amigos.
De ellos esperan lealtad,
comprensión, intimidad y
existencia de intereses comunes
para compartir. Por esa razón,
en esta etapa de la vida, los
amigos representan, si no el
total, gran parte de la vida
emocional de un individuo”.
Claudia Almanza, psicóloga de la
Universidad Santo Tomás, agrega
que la forma en la que los
padres orienten esta conducta
favorecerá o no el desarrollo de
patrones efectivos de
comunicación y socialización. La
amistad, entonces, se convierte
en el medio por el cual la
persona crea vínculos desde
pequeña, que le permiten
desarrollarse emocional, física
y cognitivamente.
Por su parte, en la
adolescencia, el deseo de
explorar el mundo se
intensifica, se cree tener la
suficiente autonomía para tomar
decisiones, se hace la
transición de dejar de ser niño
para lograr ser adulto. Esta
etapa conlleva factores, como la
falta de experiencia, la
búsqueda de autoafirmación, la
intensidad de emociones y el
deseo de encontrar su sitio en
el mundo.
Es normal, entonces, que en
estas circunstancias los
muchachos busquen aliados que
acompañen este proceso en el que
se reconozcan mutuamente y se
involucren con temas de interés
comunes, como la música, la
moda, ideologías y tendencias.
“Es necesario recordar que todos
los seres humanos en todas las
etapas de la vida buscan ser
reconocidos, aceptados y amados.
Por ello, el grupo de amigos se
constituye en una fuente
imprescindible de
reconocimiento, aceptación y
aprecio”, puntualiza Almanza.
Para no caer en amistades
nocivas…
Todas las personas, desde
pequeñas, se sienten más
atraídas hacia quienes comparten
intereses comunes y, por
supuesto, por las personas que
están en el medio en el que se
desenvuelven, llámese barrio,
colegio, región o país.
Cada persona, según sus
necesidades afectivas o sus
intereses, se relaciona y crea
vínculos más o menos estrechos
con quienes considera afines o a
quienes admira. En algunas
situaciones se sigue a personas,
instituciones o grupos que
pueden llegar a ser nocivos para
los jóvenes, ya que pueden
generar fanatismo, promover
conductas asociales o
autodestructivas, las cuales se
aprovechan de la falta de
autoestima o inexperiencia de
quienes, sin medir las
consecuencias y en
contraposición del sentido
común, se amalgaman a ellos.
Así, algunos
adolescentes carecen
de la capacidad de
proyectar las
consecuencias de sus
actos y discriminar
las buenas compañías
y las no tan buenas,
y se dejan llevar
por la emoción o la
sensación del
instante; por ello,
obran
inconscientemente y
se involucran con
grupos extremos, con
alcohol, con drogas
o cualquier otro
tipo de adicciones.
La envidia es otra
de las emociones que
tiene su raíz en
creerse inferior o
carente de lo que
tienen otras
personas. Por ello,
el egoísmo genera
envidia que, en
ocasiones es
enfermiza, en
especial para quien
la siente. “Parte
del desarrollo
evolutivo del niño
es expandir
paulatinamente su
estado de
consciencia,
ampliando su visión
egocéntrica para
relacionarse consigo
mismo y con el
universo. Si esto se
logra, las
dificultades que se
tienen en todas las
etapas de la vida
con respecto a la
envidia o a
inmiscuirse en
situaciones nocivas
no existirían; sin
embargo, el tema
requiere trabajo,
una labor de
aceptación y
reconocimiento del
otro y de sí mismo
que se hace desde
que las personas son
pequeñas.
“Para esto, los
padres pueden
enseñar a compartir
a los niños y
guiarlos con
respeto, crear
pensamientos y
emociones de
abundancia y no de
carencia, desde que
son pequeños.
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“La
influencia
de
padres y
amigos
es
distinta:
mientras
los
padres
siguen
siendo
una
fuente
importante
de
valores,
los
amigos
son
fundamentales,
porque
comparten
preocupaciones,
inquietudes
y
sentimientos”. |
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En
vista de esto, si existen
problemas de envidia en los
niños, es fácil guiarlos,
dándoles la oportunidad de
entender el goce de dar,
enseñando que, para poder
recibir, se requiere dar”, así
lo explica la psicóloga
Claudia Almanza |
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Sentimientos
Amigables |
La
confianza: un
amigo es una persona
con la cual se
comparten secretos y
experiencias.
Por lo general, la
confianza permite
expresarse y actuar
tal como uno es.
Igualmente podrá
contar sus más
íntimos secretos y
escuchará a la otra
persona.
La lealtad:
el verdadero amigo
es fiel. Jamás
traiciona la
confianza de alguien
a quien considera su
amigo ni le da la
espalda cuando lo
necesita.
La sinceridad:
la persona demuestra
todo el tiempo lo
que en verdad es y
nunca finge sus
emociones o estados
emocionales frente a
su amigo. Además,
nunca se dicen
mentiras entre sí, y
son honestos.
El respeto:
un amigo acepta a la
otra persona tal
como es, acepta sus
fallas y aciertos y
nunca quiere
cambiarlo como
individuo. Los
amigos no imponen
sus pensamientos:
más bien, aconsejan
al otro y le
advierten cuando
creen que hay algo
que le puede hacer
daño.
El cariño: es
imprescindible para
tener un buen amigo.
Es un sentimiento
desinteresado,
bondadoso, que sólo
busca el bienestar
de la otra persona. |

Es claro que tener
una buena amistad
enriquece a los
jóvenes como
personas, les ayuda
a crecer y los hace
sentir útiles,
necesarios y
queridos. Es un
momento de la vida
en que los amigos
constituyen el apoyo
que necesitan en esa
etapa en la cual
están encontrando su
identidad y creando
su personalidad.
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15 |
Años,
son la edad promedio
en la que los
menores evitan
hablar |
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con
sus padres de
situaciones íntimas
o sentimentales,
según
investigaciones
adelantadas. |
“En
la adolescencia es cuando se
crean esos mejores amigos,
porque es una relación de
complicidad que, si se cuida,
dura muchos años o toda la
vida”.
María Gladys Sánchez, Psicóloga.
Universidad Javeriana
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